Día del Mole
El mole es la gran tradición de salsas de México: mezclas complejas de chiles, especias, nueces o semillas y a veces chocolate, molidas y cocidas a fuego lento hasta lograr un terciopelo que cubre guajolote, pollo o enchiladas. El mole poblano es el embajador oscuro y célebre, mientras que los muchos moles de Oaxaca —negro, rojo, coloradito, verde y más— demuestran que la palabra nombra una familia y no una sola receta. Hacer mole es un acto de todo el día: tostar, moler y probar hasta que aparece el equilibrio. Puebla celebra un día estatal del mole el 7 de octubre, y propuestas nacionales han buscado la misma fecha, reflejo de lo hondo que está la salsa en el orgullo cultural. El mole pertenece a las bodas, a las fiestas patronales y a los domingos caseros sin prisa, cuando la cazuela se adueña de la estufa. Cada tanda lleva la mano de quien la cocina; no hay dos ollas que sepan igual, y eso es parte de su encanto. En el Día del Mole, cocina una olla —o apoya a quien lo hace— y sírvelo con arroz, ajonjolí y tortillas calientes. Invita a otros a compartir el trabajo si empiezas desde los chiles secos. Celebra el mole como la paciencia mexicana convertida en salsa.
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